lunes, 11 de marzo de 2013

Primer contacto con Urgencias


Como siempre me ocurre antes de iniciar un rotatorio los días previos me encuentro nervioso, con miedo ante un nuevo reto. Mi inseguridad me hace dudar si sabré superar esta nueva fase en mi preparación como enfermero, si sabré dar la talla. Me asalta la incertidumbre acerca de los nuevos compañeros, de los pacientes, de la metodología, de los casos que voy a encontrarme; a todos los desconozco. Sí conozco el Hospital, ya estuve en la sexta planta hace unos meses y mi experiencia fue muy satisfactoria. Pero en Urgencias nunca he estado, ni siquiera como paciente, y sólo la palabra me asusta un poco.

Igual que en otras ocasiones, cuando llegué me recibió la profesora vinculada, que me mostró el Servicio y me presentó a mi tutora y a algunos compañeros, con los que voy a compartir estas siete semanas.

Al principio este Servicio me ha resultado más complicado a la hora de adaptarme, ya que cada día estoy con un enfermero diferente, algo que no me había sucedido en los rotatorios anteriores. Sin embargo, aunque me cueste más la adaptación, creo que esto tiene un aspecto muy positivo, como es que puedo ver distintas formas de trabajar y quedarme con la que más me guste y me parezca más adecuada, tanto para el paciente como para mí.

Las urgencias están aquí divididas en cinco zonas: Urgencias traumatológicas, Boxes de medicina, Urgencias pediátricas, la Zona E (para pacientes en observación previamente explorados por el médico) y la zona de clasificación, que está situada a la entrada de Servicio y desde la que se deriva a los pacientes a las distintas especialidades.

Una de las cosas que más ha llamado mi atención en este primer contacto con Urgencias es que la relación enfermero-paciente no es tan estrecha, ni tan personal ni frecuente como en Planta. Y desde luego, no se parece en nada a la que se produce en un centro de salud, donde el paciente va a ver a “su” enfermero, le cuenta sus problemas, se conocen y se tratan. Aquí todo es ocasional, breve y rápido.

Desde mi punto de vista el trabajo en Urgencias es excesivamente mecánico, técnico, casi trabajamos como robots. El nivel de autonomía es mucho menor que el que he observado, por ejemplo, en el centro de salud. Nos dan órdenes y las ejecutamos; queda poco, casi nada, para la aportación personal, para el estudio detallado del caso y de los pacientes.

Sin embargo, también hay cosas buenas. Estoy teniendo la oportunidad de coger vías todos los días, cosa en la que, por mi poca práctica, tenía bastantes dudas y me sentía inseguro. En urgencias las vías suelen cogerse en las venas de la flexura para conseguir que el medicamento tenga un efecto más inmediato, mientras que en planta se hace en las zonas más distales, como son la mano o el antebrazo. Creo que saldré de aquí con muchísima más destreza en esta técnica y, espero, que también en otras, pues también he practicado gasometrías arteriales, sondajes vesicales (intermitente y permanente) y electrocardiogramas (EKG).

           

 
Es también algo distinta la forma de realizar los EKG. Hasta ahora los había realizado colocando las derivaciones en las extremidades y en el tronco. En el Servicio de Urgencias sólo se colocan en el tronco.
 
 

 

                       

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