sábado, 30 de marzo de 2013


SONDA DE ASPIRACIÓN NASOGÁSTRICA: UNA TÉCNICA POCO HABITUAL.

 


No son muchas las oportunidades que tenemos los alumnos en prácticas de colocar una SNG a un paciente. Por otros compañeros de curso y por los profesionales con los que he tenido la suerte de compartir mis prácticas clínicas, sé que muchos de ellos aún no han puesto ninguna, y el resto lo ha hecho en contadas ocasiones. Es alago que puede sorprender, teniendo en cuenta todos los años que llevan trabajando. Por eso me siento afortunado en este rotatorio, ya que por segunda vez voy a colocar una. Creo que el día que de nuevo se me presente la ocasión de hacerlo no tendré problema para realizarlo correctamente.

La primera vez que puse una SNG fue a una paciente oncológica y hasta el cuarto intento no tuve éxito, pues al tener fuertes arcadas tiraba de la sonda y se la quitaba.

Pero en esta ocasión, en Urgencias, todo ha sido diferente. Se trataba de una paciente con melenas, indicativo de que había presentado una HDA y había que comprobar que no hubiera restos hemáticos en el estómago, por lo que el sondaje estaba indicado. Para mi satisfacción lo conseguí a la primera.

Debo destacar que el comportamiento de la paciente fue excepcional. Como ha de hacerse siempre, para tranquilizarla y para su información le explicamos paso a paso todo lo que se le iba a hacer, indicándole que su colaboración era muy importante para la buena realización del procedimiento. Algo tan sencillo como esto puede calmar la ansiedad del paciente y hay que poner especial interés en transmitirle seguridad y confianza.

En mi opinión, la clave de un buen sondaje reside en la rapidez con la que se introduce la sonda, enfatizando el momento en que el paciente debe tragar, de manera que el sondaje, al ser más rápido, resulta menos incómodo para el paciente.

Una vez colocada la sonda la paciente siguió refiriendo náuseas y molestias en la garganta, por lo que le dije que eran sensaciones normales en estos casos, quedándose tranquila.

Los pasos a seguir en la colocación de una SNG son los siguientes:

1.Calcular la longitud de la sonda.

Para ello se coloca la SNG por fuera, dándole la curvatura aproximada de su recorrido por nariz, faringe, esófago y estómago. Para un adulto, la longitud habitual es de 50 cm.

 


2.Preparar la sonda para la inserción.

Hay que curvar ligeramente el extremo distal y lubricar unos 15 cm del mismo.

3. Introducir la sonda a través de la nariz hacia la faringe.

Introducir la sonda horizontalmente, para evitar que tropiece con los cornetes.

 


4. Empujar la sonda hacia el esófago mientras el paciente traga.

5. Posición de la sonda en el estómago.

Introducir hasta la longitud marcada. Auscultar sobre el estómago mientras se inyectan 50 cc de aire por la sonda, para asegurarse de la posición intragástrica por el sonido de borboteo característico. Una vez confirmada la posición aspirar el contenido gástrico.



6. Sujetar la sonda a la nariz con un esparadrapo.

En el siguiente video podemos ver todos los pasos que han de seguirse para una buena colocación de la SNG.
 
 

La colocación de la SNG, como he dicho, no es fácil y pueden surgir algunas complicaciones. Las más frecuentes son:

1. Colocación en árbol traqueobronquial con el consiguiente riesgo de iniciar alimentación en bronquio. Esta circunstancia se puede dar en pacientes deprimidos con reflejo de tos disminuido. Para prevenirlo podemos retirar la sonda, girarla 180º y volverla a insertar, mantener flexionado el cuello del paciente y cuando sea posible, conseguir que el paciente trague durante la inserción ya que ello da lugar a que la epiglotis cierre la laringe.

Esto fue lo que me ocurrió mi primera vez y por eso tuve que intentarlo varias veces, hasta que lo conseguí a la cuarta.

2. Broncoaspiración. Por disminución de la competencia del esfínter esofágico inferior. Disminuiremos este riesgo colocando al paciente sentado o semiincorporado y con la cabeza lateralizada.

3. Epistaxis. Laceración de las mucosas por introducir la sonda con demasiada fuerza o por lubricación inadecuada, por lo que deberemos insertar la sonda siguiendo un plano horizontal, examinar la fosa nasal para comprobar que la permeabilidad es adecuada antes de la inserción, e introducir la sonda con mucho cuidado y bien lubricada.

4. Erosión esofágica. Por presión prolongada sobre la pared esofágica, ejercida por un tubo rígido o por reflujo gastroesofágico causado por la sonda al atravesar el esfínter esofágico inferior. Por ello, se debe retirar la sonda tan pronto como sea posible o, si se prevé una larga utilización, emplear una sonda más blanda.

5. Hemorragia gástrica. Succión excesiva sobre la mucosa gástrica. Para prevenirlo podemos utilizar un aspirador intermitente para impedir una succión excesiva y el traumatismo de la mucosa, y despegar periódicamente la posible adherencia a la mucosa, moviendo ligeramente la sonda o inyectando agua.

6. Erosión nasal. Presión de la sonda sobre la aleta nasal, que evitaremos no sujetando el tubo con esparadrapo a demasiada tensión sobre dicha aleta nasal.

Creo que he aprendido bastante bien esta técnica, y que si en un futuro se me presenta la ocasión de volver a ponerla en práctica, sabré cómo enfrentarme a ella. Por ello me siento agradecido.

viernes, 22 de marzo de 2013


TRIAGE EN URGENCIAS (II). PROCEDIMIENTO.

Mediante el triage establecemos un orden de prioridad en la atención a los pacientes, optimizando la asistencia.

 
Después de tres o cuatro preguntas se clasifica al paciente en cinco categorías, cada una de las cuales se traduce en un código de color y un tiempo máximo de atención, lo que permite priorizar al paciente en función de su gravedad y, sobre todo, objetivar clínicamente la decisión de priorización.

Los niveles son los siguientes:
  
N Nivel 1 o rojo: Requiere intervención inmediata por ser de urgencia vital, como, por ejemplo, paciente con paro cardíaco, hipotermia profunda, intoxicación masiva por gases, lesiones cervicales con patologías medulares, volet costal, neumotórax – hemotórax, shock hipovolémico grave, traumatismo cráneo encefálico moderado/grave y/o fractura de base de cráneo, etc..

Por el momento, no he visto etiquetar a ningún paciente con este color. Según los profesionales sanitarios que trabajan en Urgencias en el Hospital de Móstoles este nivel es poco frecuente.

N Nivel 2 o naranja: Precisan una atención rápida, aunque puede demorarse hasta 10 minutos. Son situaciones de alto riesgo con inestabilidad fisiológica o dolor intenso.

El día que he estado en la clasificación tuvimos varios pacientes que etiquetamos como naranja. Por ejemplo, una mujer que refería tener dolor en la fosa renal derecha irradiada al flanco derecho, ingle y genitales. Sospechamos entonces que la paciente podía estar sufriendo un cólico nefrítico, que es bastante doloroso.

Otro paciente vino por presentar dificultad respiratoria, con tos y fatiga, por lo que le tomamos la saturación de O2, siendo de 88%. Dada esta saturación tan baja, decidimos etiquetarle con este color, ya que todo paciente con una saturación inferior al 90% debe ser etiquetado con el color naranja.

Un hombre acudió por disnea y dolor en el pecho. Me llamó la atención su rostro, manos y labios, que estaban azules, signos indicativos de que el paciente sufría una baja oxigenación. Al tomarle las constantes observamos que tenía una saturación de O2 del 63%, cifra que teóricamente es incompatible con la vida. El enfermero me comentó que al ser un paciente fumador podía llegar a esta cifra tan baja, pero que en cualquier otro paciente habría significado la muerte. Lo etiquetamos como naranja, pero en mi opinión podría haberse etiquetado como rojo. Entiendo que la línea que separa un color de otro inmediato es a veces muy difícil de establecer.

Una mujer que acudía por dolor abdominal verbalizó que hacía un mes le habían practicado una apendicectomía, pero que seguía con molestias. La etiquetamos como naranja, si bien en mi opinión habría podido etiquetarse en el color amarillo, al no ser una situación de urgencia vital ni manifestar dolor, sino tan sólo “molestias” de varios días de duración.

También me sorprendió ver a un paciente con mucha tos y sudoración profusa, que hizo sospechar que pudiera padecer una neumonía, un shock séptico o tuberculosis, justificativos de encuadrarle dentro de este nivel.

Una paciente refería estar mareada. Al tomarle las constantes presentaba una FC de 150 en reposo. Todo paciente con una FC superior a 120 en reposo debe ser etiquetado con el color naranja, por lo que así se hizo.

N Nivel 3 o amarillo: La atención por el médico puede demorarse hasta 60 minutos. Son aquellas urgencias que precisan maniobras sencillas de estabilización de las lesiones. Pueden necesitar cirugía, pero no afecta a su pronóstico vital.

La mayoría de las urgencias que he presenciado han llevado a la etiqueta con este color.

Así, un hombre de 64 años que se había golpeado la muñeca izquierda. Presentaba inflamación de la muñeca y ésta estaba caída, lo que indicaba una posible fractura de radio y/o de cúbito.

Otro paciente acudía por traumatismo en el ojo derecho y refirió pérdida de visión en el mismo.

Un hombre acudió por dolor abdominal, vómitos, náuseas, y dolor en el flanco izquierdo. Tenía la orina y las heces normales y no había presentado fiebre.

Un paciente acudió a urgencias por un traumatismo costal derecho.  La SatO2 97% indicaba que el pulmón no estaba perforado, ya que, de lo contrario, no presentaría una saturación tan buena.

N Nivel 4 o verde: La atención por el médico puede demorarse hasta 2 horas. Dentro de este grupo se encuentran los pacientes que no tienen comprometida ninguna función vital. Pueden esperar a recibir tratamiento y normalmente se valen por ellos mismos. Tras el tratamiento pueden regresar a su domicilio, no necesitando ingreso hospitalario.

A un número elevado de pacientes se les etiqueta dentro de este color.

N Nivel 5 o azul: La atención por el médico puede demorarse hasta 4 horas. No requieren ninguna exploración diagnóstica y/o terapéutica.
 
 

Quienes tienen etiqueta verde o azul no pueden pasar con acompañante, lo que sí se permite en el resto de colores. Sin embargo, siempre habrá acompañante en el caso de los niños y de los pacientes psiquiátricos.

Existe un último nivel, de color negro, que se utiliza en aquellos pacientes que van a ser atendidos en último lugar, dado que no son recuperables.

Creo que hacer una adecuada clasificación de los pacientes requiere tiempo, experiencia y un gran ojo clínico. La clasificación de los pacientes se ha de hacer en un tiempo corto, de forma ágil y efectiva, para que el proceso no pierda su razón de ser, que es garantizar la seguridad de los pacientes que esperan para ser atendidos por el médico.

Los enfermeros o enfermeras que realicen la clasificación de los pacientes en un servicio de urgencias con triage estructurado han de tener una buena capacidad de comunicación, han de ser empáticos, tener tacto, paciencia, capacidad de comprensión y discreción. Han de tener capacidad organizativa y resolutiva en situaciones difíciles. Han de ser capaces de reconocer a los pacientes realmente enfermos mediante la correcta aplicación de una escala de triage.  

Me gustaría llegar algún día a tener esta habilidad, ya que es fundamental para convertirse en un buen enfermero.
 

BIBLIOGRAFÍA

GÓMEZ JIMÉNEZ, J. “Clasificación de pacientes en los servicios de urgencias y emergencias: Hacia un modelo de triaje estructurado de urgencias y emergencias” /en/ Emergencias [revista en Internet], 2003 [acceso 19 de marzo de 2013]; 15, p. 165-174. Disponible en:


 MORILLO, Javier. “Manual de Enfermería de Asistencia Prehospitalaria Urgente”. 7ª edición. Madrid: Elsevier, 2007, 719 p.

lunes, 18 de marzo de 2013


TRIAGE EN URGENCIAS (I). LA SATURACIÓN Y EL COLAPSO EN URGENCIAS.

 
 
En Urgencias el tiempo es un factor siempre presente; puede llegar a ser vital y marcar la diferencia entre la salvación y la pérdida de un ser humano. Por ello es frecuente que los profesionales de este Servicio tengan muchos momentos, demasiados quizás, en que soportan un gran estrés, a veces de forma continuada. Todo ha de hacerse lo más rápidamente posible pero de manera organizada, sin perder la calma, conscientes de que vidas humanas están en sus manos.



Por otra parte, no sólo los pacientes, sino también sus familias, se muestran nerviosos, superados por una situación que son incapaces de controlar y si la espera les parece demasiado larga se quejan, nos transmiten su malestar, nos exigen y hasta nos gritan. Hay que ponerse en su lugar, llegan asustados, sin saber qué hacer y qué les ocurre, y demandan una respuesta inmediata. Pero también ellos deben comprender que la prioridad en la atención en Urgencias no viene determinada por el orden de llegada sino por la gravedad de los pacientes y que se ha de atender primero a quien se encuentra en una situación más crítica. Aunque, probablemente, para cada uno no hay nada tan importante como lo propio.
 
 

Todo ello provoca que los nervios de los profesionales en Urgencias a veces estén al límite. Al menos a mí, en alguna ocasión, me he sentido desbordado. Tanto, que me tomé la tensión, y, a pesar de  mi juventud y de mi buena salud, la tenía alta. Es verdad que soy un mero estudiante en prácticas, sin experiencia, pero después de todo lo que he sentido, ha aumentado mucho mi admiración por los compañeros que se dedican a esta labor. ¡Ojalá algún día yo pueda actuar con la serenidad y el acierto que lo hacen ellos! Espero que el tiempo y la práctica me ayuden. Ellos me dicen que será así, que todos han pasado por lo mismo.

Por otra parte, muchas personas acuden a urgencias sin motivo suficiente. Una conjuntivitis o un catarro, pueden ser atendidos por el médico de familia, y acudir a Urgencias sobrecarga, satura y puede colapsar el servicio e impedir que se atienda a tiempo a personas que realmente lo necesitan. La calidad asistencial se resiente y el sistema deja de funcionar correctamente. No es éste el lugar para analizar las causas que llevan a algunos ciudadanos a acudir a Urgencias aun a sabiendas de que su situación no lo requiere, ni por qué se utiliza como vía de accesibilidad a lo que ellos piensan que será una atención más rápida y eficaz. Habría que educar más y mejor a los ciudadanos, para que no “abusen” de este Servicio y acudan a su centro de salud o a su médico de familia o establecer tal vez en estos centros de salud una atención más rápida y un horario más continuado. El problema, sobre todo en el momento socio-económico actual, es la falta de personal, y ello a pesar de que muchos profesionales sanitarios, desde médicos, a enfermeros y auxiliares de enfermería, hoy se encuentran en paro.
 
 

Para hacer frente a estos problemas, en el Hospital de Móstoles, como en muchos otros Hospitales de España y de Europa, se ha instaurado el Manchester Triage System (MTS), como instrumento para organizar la asistencia con el fin de priorizar la atención por orden de gravedad y no por orden de llegada y asignar al paciente un área física de acuerdo con la clasificación realizada.

Se trata de evitar que se retrase la atención del paciente y empeore su pronóstico por la demora en su atención. Con ello se mejora la asistencia y se evita la saturación de otros niveles. Y así, el triage se consolida como un sistema eficaz de ordenación del trabajo asistencial, para dar respuesta inmediata a la demanda masificada dentro de los Servicios de Urgencias de los Hospitales, facilitando el trabajo del personal y disminuyendo la ansiedad de los enfermos y familiares ante la espera.


El triage de urgencias es un proceso de valoración clínica preliminar que ordena los pacientes según su grado de urgencia, de forma que en una situación de saturación del servicio, los pacientes más urgentes son tratados los primeros, y el resto son controlados continuamente y reevaluados hasta que los pueda visitar el equipo médico.

Basado en 5 niveles de priorización, está dotado de un programa informático de ayuda a la decisión clínica en el triage. Totalmente optimizado para ser utilizado por DUEs o facultativos, es un programa de muy fácil uso que conlleva unos elevados beneficios al utilizar un triage efectivo desde el primer momento. La informatización e implantación de una herramienta como el MTS en un área de urgencias, permite aumentar la facilidad y rapidez de aplicación, atenúa la variabilidad de cada observador y permite obtener estadísticas a tiempo real para adecuar los medios a las necesidades reales y los recursos a las desviaciones puntuales.

Podemos señalar las siguientes ventajas:

Para los pacientes del área de urgencias:

h Proporciona información clara al paciente sobre su estado y el tiempo aproximado de espera, ganando en satisfacción del usuario. También se convierte en el entorno idóneo para realizar tareas de educación sanitaria, disminuyendo la ansiedad y nerviosismo del paciente.

h Crea un primer contacto de su demanda con la estructura sanitaria, otorgándole una respuesta clara en función de su estado de salud.

h Se atiende antes al más grave. Genera confianza en el sistema.

Para el servicio de urgencias:

h Orienta los flujos de pacientes en función de su gravedad clínica.

h Permite, en cualquier momento del ciclo de trabajo, la reordenación de recursos en el área de urgencias en función de la demanda.

h Genera información útil para la orientación de los recursos que debe disponer el área de Urgencias.

h Crea estadísticas de tiempos de demora según escalas de priorización clínica.

Para la dirección del centro y el servicio de gestión de la calidad:
 
h Da una respuesta eficaz, basada en el paciente y en la gravedad clínica, a un problema como es la gestión de pacientes en el área de urgencias.

h  Van a ser enfermeros y enfermeras y no facultativos los que realicen el triage.

h Permite realizar controles de calidad de los tiempos de espera.

h Permite realizar políticas dirigidas a dotar de recursos estables al área de urgencias en función de la gravedad y tipología de los casos vistos. Supone un avance en las estrategias de mejora de la calidad.

h Aumenta la satisfacción de los usuarios del servicio de urgencias.

Observamos así la gran importancia que tiene aquí la formación y experiencia de los enfermeros y enfermeras, que administran el triage desde la recepción e identificación de los pacientes, siguiendo el procedimiento estabecido y que analizaremos el próximo día.
 
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Dos técnicas habituales en Urgencias


Una de las técnicas que he realizado en Urgencias esta semana ha sido la extracción de hemocultivos. Con ella se pretende detectar cuál es el agente etiológico de una infección. Como siempre, antes de comenzar hay que explicar al paciente el objetivo y el procedimiento a seguir.

Aunque es una técnica que ya había practicado en otras rotaciones, me sorprendió gratamente que la enfermera utilizara guantes estériles. Hasta ahora las que había visto se habían realizado con guantes de nitrilo (sin esterilidad), lo que me llamaba mucho la atención por la facilidad con que se puede contaminar la muestra, pues uno de los problemas que se presentan a la hora de interpretar el hemocultivo es la habitual contaminación con la flora normal de la piel, de ahí la importancia de utilizar una técnica de extracción lo más aséptica posible.

En esta técnica siempre he tenido la duda acerca de en qué frasco de hemocultivo hay que introducir la sangre en primer lugar, si en el aerobio o en el anaerobio. He aprendido ahora que esto depende de si la extracción se realiza con jeringa o con palomilla (vacutainer). Con el primero hay que introducir la sangre en el anaerobio y después en el aerobio, pues de lo contrario contaminaríamos el frasco anaerobio, porque al sacar la aguja de cualquiera de los frascos se llena de oxígeno. Con el vacutainer se rellena el frasco aerobio en primer lugar y luego el anaerobio, pues la campana de la palomilla tiene oxígeno, de forma que al rellenar antes el aerobio evitamos que el oxígeno entre en el anaerobio.

Esta técnica debe realizarse antes de la administración de la terapia antimicrobiana sistémica, siempre que exista sospecha clínica de sepsis, meningitis, pielonefritis, neumonía, endocartitis y fiebre de origen desconocido.

Está recomendado que la extracción del hemocultivo se haga lo antes posible tras el comienzo de la fiebre y de los escalofríos.

Las muestras deben extraerse de dos lugares de venopunción diferentes, sacando 10 cc de sangre para luego introducir 5 cc de sangre en cada frasco.

En el desarrollo de esta técnica me ha parecido que los profesionales sanitarios han procedido correctamente, siguiendo todos los pasos como marcan los protocolos. por mi parte, me siento bastante seguro, pues la he realizado en varias ocasiones y casi siempre con éxito.
 
 

Más dificultades estoy teniendo con la otra técnica que he practicado esta semana: la gasometría arterial. Al igual que los hemocultivos, ya los había realizado en otra de mis rotaciones de prácticas, pero aún me cuesta puncionar la arteria, pues están más profundas que las venas.

Esta prueba se utiliza para el estudio de las presiones de los gases disueltos en sangre y para determinar la concentración de hidrogeniones (pH). Está indicada principalmente en la valoración de la insuficiencia respiratoria y en pacientes con alteración de la función pulmonar (neumonía, TEP, EPOC, asma, etc.).

En urgencias, a los pacientes que vienen por disnea y con una saturación de oxígeno por debajo del 90%, se les debe realizar la gasometría arterial. De hecho, constituye una de las pruebas más habituales en este Servicio, frecuentemente solicitada y de fácil interpretación.

Un detalle importante del que no me había percatado hasta ahora es que cuando se realiza a un paciente con oxigenoterapia debe suspenderse ésta 20 minutos antes ya que la prueba tiene que hacerse en condiciones basales.

Cuando estudié la asignatura de Clínica II nos enseñaron que para comprobar la existencia de circulación colateral y evitar una posible isquemia de la zona hay que realizar antes de la punción el test de Allen. Sin embargo, ni ahora en Urgencias, ni antes en otros rotatorios, he visto que se haga. Ignoro por qué y he de preguntarlo la semana próxima, pues siempre pensé que era importante.
 
 

Aquí dejo un video en que se muestra muy claramente como realizar esta técnica.



BIBLIOGRAFÍA
 
ARQUÉ BLANCO, Mercè; BARRACHINA BELLÉS, Lidón; OTO CAVERO, Isabel. Métodos complementarios de diagnóstico. Exploración de la función pulmonar. Gasometría arterial /en/ ARQUÉ BLANCO, Mercè; BARRACHINA BELLÉS, Lidón; OTO CAVERO, Isabel. "Enfermería médico-quirúrgica. Necesidad de Oxigenación". 2ª edición. Barcelona: Masson, S.A., 2001, p. 58-59.
 
BALBÁS LIAÑO, Victor Manuel; GÓMEZ LASO, Agustín Felipe. "Revisión del Protocolo de Extracción de hemocultivos en el Hospital Sierrallana. período 2009/10". Nubero Científica [revista en internet] 2010 [acceso 12 de marzo de 2013]; Vol. 1 (nº 2), en: http://www.enfermeriacantabria.com/enfermeriacantabria/web/articulos/5/32
 


lunes, 11 de marzo de 2013

Primer contacto con Urgencias


Como siempre me ocurre antes de iniciar un rotatorio los días previos me encuentro nervioso, con miedo ante un nuevo reto. Mi inseguridad me hace dudar si sabré superar esta nueva fase en mi preparación como enfermero, si sabré dar la talla. Me asalta la incertidumbre acerca de los nuevos compañeros, de los pacientes, de la metodología, de los casos que voy a encontrarme; a todos los desconozco. Sí conozco el Hospital, ya estuve en la sexta planta hace unos meses y mi experiencia fue muy satisfactoria. Pero en Urgencias nunca he estado, ni siquiera como paciente, y sólo la palabra me asusta un poco.

Igual que en otras ocasiones, cuando llegué me recibió la profesora vinculada, que me mostró el Servicio y me presentó a mi tutora y a algunos compañeros, con los que voy a compartir estas siete semanas.

Al principio este Servicio me ha resultado más complicado a la hora de adaptarme, ya que cada día estoy con un enfermero diferente, algo que no me había sucedido en los rotatorios anteriores. Sin embargo, aunque me cueste más la adaptación, creo que esto tiene un aspecto muy positivo, como es que puedo ver distintas formas de trabajar y quedarme con la que más me guste y me parezca más adecuada, tanto para el paciente como para mí.

Las urgencias están aquí divididas en cinco zonas: Urgencias traumatológicas, Boxes de medicina, Urgencias pediátricas, la Zona E (para pacientes en observación previamente explorados por el médico) y la zona de clasificación, que está situada a la entrada de Servicio y desde la que se deriva a los pacientes a las distintas especialidades.

Una de las cosas que más ha llamado mi atención en este primer contacto con Urgencias es que la relación enfermero-paciente no es tan estrecha, ni tan personal ni frecuente como en Planta. Y desde luego, no se parece en nada a la que se produce en un centro de salud, donde el paciente va a ver a “su” enfermero, le cuenta sus problemas, se conocen y se tratan. Aquí todo es ocasional, breve y rápido.

Desde mi punto de vista el trabajo en Urgencias es excesivamente mecánico, técnico, casi trabajamos como robots. El nivel de autonomía es mucho menor que el que he observado, por ejemplo, en el centro de salud. Nos dan órdenes y las ejecutamos; queda poco, casi nada, para la aportación personal, para el estudio detallado del caso y de los pacientes.

Sin embargo, también hay cosas buenas. Estoy teniendo la oportunidad de coger vías todos los días, cosa en la que, por mi poca práctica, tenía bastantes dudas y me sentía inseguro. En urgencias las vías suelen cogerse en las venas de la flexura para conseguir que el medicamento tenga un efecto más inmediato, mientras que en planta se hace en las zonas más distales, como son la mano o el antebrazo. Creo que saldré de aquí con muchísima más destreza en esta técnica y, espero, que también en otras, pues también he practicado gasometrías arteriales, sondajes vesicales (intermitente y permanente) y electrocardiogramas (EKG).

           

 
Es también algo distinta la forma de realizar los EKG. Hasta ahora los había realizado colocando las derivaciones en las extremidades y en el tronco. En el Servicio de Urgencias sólo se colocan en el tronco.